El título no es mío. Me lo sugirió un amigo horas antes del partido, creyendo que eso mismo le podía pasar tanto al Real Madrid como al Barcelona. Y al menos con el primero no se equivocó.
La cosa estaba difícil. Había que ganar por 3 goles al Borussia después del partido de ida y empezó la campaña de la épica. Quizá solo humo, pero hay que reconocer que es humo que sabe vender muy bien tanto el club como la prensa madridista (si es que de eso hay hoy día...). Alguno no creíamos nada en la remontada cuando acabó el partido de ida, porque no solo era cuestión del 4-1, sino de la diferencia de juego demostrada entre uno y otro. Mayores contra niños, como titulé por aquí.
El caso es que la campaña fue teniendo efecto y el madridismo horas antes del partido se lo empezaba a creer. Los alrededores del Bernabéu estaban llenos de gente casi dos horas antes del partido (cosa que el solo viera la previa de TVE no puede saber, quizá alguna vez aprendan a hacerlas). El equipo podía hacer el milagro o al menos podía caer de manera honrosa.
Y salió con esa idea. Los primeros 20 minutos fueron de acoso y derribo del Real Madrid. Tres ocasiones claras fueron falladas de manera dramática para los intereses blancos por sus tres hombres de ataque: Higuaín, Cristiano y Özil. El Real Madrid ladró, pero no mordió y el Borussia de Dortmund poco a poco fue sacándose la presión de encima. Pasó a no tirar pelotazos y a presionar más arriba al Madrid, que ya le costaba un mundo llegar a la portería contraría. Los alemanes no tuvieron ninguna ocasión real en la primera parte, pero cada contrataque era sentido como un peligro bastante real.
La segunda parte no arrancó mejor. No solo le costaba al Real Madrid tener el balón y hacer alguna jugada que no fuera un pelotazo y balón perdido, no solo el Borussia tenía la posesión con cierta tranquilidad y no veía peligrar su marco, ahora los alemanes empezaban a tener ocasiones claras de gol, una de ellas parada de manera milagrosa por Diego López, demostrando porqué no había razón alguna para quitarle la titularidad. Götze al menos se había lesionado y no podía pasarles balones a medida a Lewandowski, que aun así sembraba el pánico con cada pelota tocada.
Las estrellas del Madrid andaban apagadas. Cristiano demostró que no se había recuperado de la lesión porque casi ni se le vio y eso una baja muy importante para el equipo. Ozil fue de más a menos y no parecía poder realizar ningún pase importante. Higuain al menos tenía movilidad y ofrecimiento, pero Mourinho lo cambió incomprensiblemente. Era un Madrid sin alma, que se iba a despedir de manera decepcionante además.
Pero la gracia del fútbol es que no es ciencia, no son matemáticas, el que está clavando las fórmulas no tiene porqué ganar y a veces el sentimiento, la furia y la fantasía se imponen. Algo de todo esto estuvo apunto de pasar. En una jugada esporádica, en el minuto 81, Benzema (absolutamente despistado hasta ese momento) marcó el 1-0. De pronto el Bernabéu cree. No solo eso, 5 minutos más tarde, Sergio Ramos, el jugador que mejor había entendido durante 90 minutos lo que significaba el partido, marca el segundo.
Queda poco, demasiado poco pero, ¿por qué no? La famosa frase de Juanito de lo largos que son 90 minutos en el Bernabéu cobraba realidad. Podía llegar el milagro, podía llegar el tercero y clasificarse para la final. Pero no fue así. El náufrago que creía haber visto el barco que le rescatase, murió poco antes de subir a él. Fue tarde. El Madrid quedaba eliminado y "la décima" se alejaba un año más. Al menos había caído con honor, que es lo que siempre se le ha de exigir a este equipo.
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