Como se preveía, este partido
de Liga quedaba marcado por el jugado unos días antes en la Copa, en el que el
Real Madrid derrotó 1-3 al Barcelona y fue muy superior. Además, en Liga las
distancias entre ambos eran insalvables, con 16 puntos favorables al equipo
catalán, que hacen que el campeonato esté resuelto desde hace tiempo. Por otra
parte, el Real Madrid hizo siete cambios respecto al equipo titular del partido
de Copa del Rey pensando en su futuro y decisivo duelo de esta temporada en
Manchester.
Se preveía clásico aburrido
por lo poco que había en juego y así fue. Cada uno intentaba imponer su estilo,
pero ninguno lo acaba de hacer. El Barcelona controlaba el partido, como es
habitual, pero apenas tenía ocasiones de gol (la de Messi en el empate y otra
clara que tuvo más tarde. Messi es peligroso aun estando triste). Por su parte,
el Real Madrid tuvo el gol inicial y un cabezazo de Morata, que ya había
realizado el centro del 1-0.
La segunda parte empezó por
los mismos derrotados, pero todo cambió cuando entró Cristiano Ronaldo, que
andaba descansando. Dos tiros de falta muy peligrosos, otra ocasión y en medio
de toda esta vorágine, gol de Sergio Ramos de córner. El juego del Real Madrid
no era brillante, pero si superior al de un Barcelona al que no se le recuerda
ocasión de gol en la segunda parte. Ya en el descuento, el Barcelona reclamó de
forma ostensible un penalti a Adriano, sobre el que hay división de opiniones.
El árbitro era Pérez Lasa.
El Barcelona no está. Tanto Roura como algunos jugadores destacaban al término del partido que "lo dominaron". Si por dominar se entiende tener el balón, desde luego que lo tuvieron, incluso más que en el partido de Copa, pero la profundidad y, sobre todo, las ocasiones de gol, brillaron casi por su ausencia. El Real Madrid le igualó el partido en cuanto a juego con los suplentes y la entrada de Cristiano ya fue fundamental para imponerse. Claramente las sensaciones en ese momento fueron que el Real Madrid estaba mejor y el Barcelona se halla en una crisis no se sabe si física, mental o las dos, pero mucho debe cambiar el Barcelona si quiere remontarle
en 10 días el 2-0 al Milan.
Cuando Mourinho llegó al Real Madrid, el equipo acababa desquiciado en sus partidos ante el Barcelona. Ahora pasa lo contrario viendo la aireada protesta de Valdés, que le costó la expulsión ya con el juego finalizado. El Barcelona estaba enfadado por ese posible penalti final a Adriano y tiene todo el derecho a reclamarlo. Pero si no ven más allá y no creen que su juego tenga ahora mismo un gran problema, difícil lo tendrán en el futuro y decisivo partido contra Milan. La Liga ya la ganaron hace mucho.
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