La mayoría de gente que me conoce, sabe que colaboro con una página web de medios de comunicación, Frecuencia Digital. Allí fundamentalmente me encargo de realizar la agenda semanal de deporte en televisión que saca la web semanalmente y que recomiendo. Durante los 3 años de existencia de la web he tenido la oportunidad de participar en ella y de tener una cercana relación con uno de sus codirectores, Francisco Garrobo, persona que se haya implicada en mil y una plataformas relacionadas en mayor o menos medida con el 15-M y que luchan ni más ni menos para que esta maldita crisis no acabe con todo lo que hemos conocido.
Él vive en Barcelona. Esta ciudad no es como Cartagena o como la Región de Murcia en general. Aquí somos tan parados, que apenas se manifiesta la gente por ninguna causa y encima, la mayoría de esas pocas son "oficialistas", es decir, están fomentadas desde el poder (estoy pensando en las del agua, vamos). Por contra, Barcelona y especialmente algunos de sus barrios están en ebullición constante, con movimientos que creen que no nos deben quitar por aquello que hemos luchado, que creen en la participación ciudadana y que creen que la gente no debe estar pasiva ante las injusticias.
Como decía, Francisco Garrobo está metido en muchos de estos movimientos de manera muy activa. De hecho, muchas veces he bromeado con él por ser un "activista profesional". No comparto todas las ideas por las que defiende, pero me admira que tanto él como otra gente luchen por aquello en lo que creen. En cada rincón de este país se escucha la frase de que esto está apunto de estallar, pero todos lo decimos sentados cómodamente en nuestro sofá o tecleando en Twitter. No, hay gente que realmente lucha.
Por supuesto, desde el poder establecido se mira con muy malos ojos esta gente que se manifiesta y lucha (y para mi sorpresa, desde muchos medios de comunicación, aunque este no sea ahora el tema). Se producen unos abusos por parte de los políticos y la policía (y los mossos de escuadra en Cataluña) absolutamente intolerables en una democracia en el año 2013.
Tras un día bastante ocupado, a media tarde me enteraba que habían detenido esta mañana en su domicilio a Francisco Garrobo. Parece ser que por perpetrar un crimen de lesa humanidad: ocasionar daños en un cajero nada menos que pegando una pegatina en una de sus rejillas. Tal era el crimen, que no era suficiente con citarlo, en todo caso, ante el Juez para la oportuna declaración o Juicio de Faltas, no, había que ir a su casa a detenerlo.
Por si esto fuera poco, para qué iban a hacer una cosa tan básica en un sistema democrática de Derecho como informarle de su acusación. Para qué, más tarde, iban a informar a su abogado del delito del que se le acusaba con la prontitud debida. Se ha enterado tarde y como ha podido de los hechos. Todo un absoluto esperpento que acaba con esta persona pasando la noche en el calabozo a la espera de pasar mañana viernes a disposición judicial.
Para más inri, esto no es la primera vez que le sucede, en noviembre pasado, el día de la huelga general, se le acusó de otro atroz delito: Pegar pegatinas en "El corte inglés", que hacían referencia a tal huelga. Tuvo que pasar su correspondiente noche en el calabozo hasta que al día siguiente, y como no podía ser de otro modo, se le liberó sin cargos. Parece que nuestro amigo va a conseguir que el Código Penal se introduzca el delito de la pega de pegatinas, dado lo grave que parece.
Por supuesto que sé que se dan injusticias más graves en nuestro país, pero cuando le toca a una persona a la que estimo, me indigna ver como ¡por dos ocasiones! se comete una injusticia con él. Se le acusa de una cosa absurda y no contentos con ello, se le detiene de una manera absolutamente injustificada antes de la puesta a disposición judicial. Me indigna que haya policía en nuestro país que haga esas cosas y que no ocurra nada. Me indigna que se persiga en España a todo aquél que se atreva a lucha porque nuestro futuro sea mejor. Desde aquí, le dedico estas humildes líneas de solidaridad a Francisco Garrobo.
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