Estos días estamos viviendo todo un espectáculo internacional: La elección de un nuevo Papa (por mucho que la RAE se empeñe en que las autoridades ahora se escriben con minúscula, ninguno le hacemos caso). No ocurre como en el año 2005, cuando se producía la elección después de 26 años, después de una generación, y las calles de Roma se llenaron de millones de personas. Por lo que cuentan los numerosos enviados especiales, esta vez, solo 8 años después, hay expectación, pero bastante menor a la de entonces.
No obstante, por cercana no es una cuestión menor la elección de la cabeza visible y mundial que dirigirá la Iglesia católica los próximos años. Nos guste más o nos guste menos, el Papa es una figura influyente a nivel mundial, aunque los propios católicos le demos cada vez más la espalda a la Iglesia. Pero nunca hay que subestimarla. Con sus muchas cosas críticas y con pérdida de imagen y poder, ha ido sobreviviendo a muchas idas y venidas a los largo de los últimos XXI siglos y sigue teniendo un poder real.
¿A quién elegirán de Papa? Lo sabremos posiblemente mañana jueves, según pronostican los expertos y la elección parece muy abierta. En 2005 había también incertidumbre, pero Ratzinger era el favorito y ganó. Esta vez nada está claro. Algunos dicen que podría ser un italiano (Sodano), otros que un Papa norteamericano (suena mucho el obispo de Boston, que ha luchado contra los curas pederastras) y muchos pensamos que se debería tener un detalle con Hispanoamérica, lugar donde hoy habitan, con diferencia, el mayor número de católicos del mundo. Por lo que leo por ahí, en 2005 también sonaron por el mismo motivo y uno se acuerda de los equipos africanos en los mundiales de fútbol, siempre se espera que ese sea su campeonato, pero luego nunca consiguen nada.
Elija quien se elija, y siempre con matices dependiendo de quien sea, lo que no parece probable es que el elegido vaya a realizar ninguna transformación profunda de la Iglesia. Quedan un poco lejos los tiempos en que Juan XXIII y Pablo VI parecían darle otro aire a la Iglesia. Mientras el mundo avanza vertiginosamente, esta institución no solo no da pasos hacia delante, sino que se queda estática y a veces da pasos hacia atrás.
No se trata, como alguno pretenden, que el Papa de pronto sea una especia de secretario general del Partido Comunista, sino de que vea que el mundo cambia, la gente cambia con ese mundo y es manifiestamente falso que la Iglesia no pueda avanzar y cambiar alguna de sus ideas como, por otro lado, sí que ha hecho a lo largo de los siglos. Parece que nada haya cambiado en los últimos 2000 años y eso, claro, es falso.
Por cierto, desde mi posición abierta de católico, no me ha parecido mal Papa Benedicto XVI a pesar de lo que se decía de él. Se esperaba que fuese fundamentalista y, al contrario, se ha alejado de Legionarios de Cristo, Opus Dei y Kikos, grupos muy cercanos al anterior Papa. Incluso con sus más y sus menos ha abierto la lucha contra la pederastria en la Iglesia. Ha sido un Papa menos "estrella" que Juan Pablo II, pero creo que ha realizado una buena labor, dentro de que ideológicamente la Iglesia no ha avanzado nada y eso se lo podemos poner en su debe.
Juan Pablo II comprendió que la Iglesia se debía abrir al mundo, no desde el punto de vista ideológico, sino literal, y realizó múltiples viajes y acercó así a la gente. Por contra, se rodeó de grupos ultras. Ratziner, sin abandonar del todo esas exposiciones, ha intentado ordenar la casa y los que entienden dicen que eso le ha frustrado mucho e incluso es lo que le ha hecho renunciar. Cada uno ha tenido sus virtudes y sus defectos, pero ninguno de ellos ha sabido acomodar la Iglesia al siglo XXI. Parece difícil que el próximo lo haga, pero veremos. Y como decía, en todo caso, nunca subestimemos a la Iglesia.
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