sábado, 23 de febrero de 2013

El debate sobre el estado de la nación (I)

Quería empezar mi blog hablando del reciente "debate sobre el estado de la nación" en dos partes: Una más técnica y general (quizá algo espesa, lo admito) y otra más concreta sobre el debate de este año, que verá la luz mañana.

Esta semana hemos vivido el "debate sobre el estado de la nación". Muchos consideraban que era innecesario, puesto que la respuesta a la pregunta de cómo está la nación es obvia: Bastante mal. El curso pasado no se celebró, puesto que el gobierno consideró que no era necesario, ya que no llevaba aun un año en el poder y había un precedente en los años 80. Realmente, ¿qué normas hay en cuanto a cuándo se debe celebrar este debate y de qué forma? La respuesta es clara: Ninguna.

El debate sobre el estado de la nación se empezó a celebrar en 1983, cuando se consideró que el parlamento debía controlar de alguna manera específica la acción del presidente del gobierno durante el último año. Es una costumbre que algún experto ha llamado constitucional, ya que, aunque no reglada, se da por hecho que se debe celebrar todos los años en que no hay elecciones (el año en que las hay, el presidente ya da cuenta de su labor a todos los ciudadanos). No obstante, queda a discreción del gobierno la fecha de su celebración y en junta de portavoces parlamentarios se discute el formato (los tiempos y número de réplicas).

Por supuesto, la costumbre de 30 años de celebración de estos debates, ha hecho que más o menos se sigan unas reglas fijas: El primer día, el presidente da un discurso que resume su labor de ese año a las 12:00 de la mañana y dura entorno a hora y media. A partir de las 16:00 empiezan las réplicas de los grupos de la oposición del de mayor representatividad, al de menos. El último en intervenir, desde mi punto de vista, de manera innecesaria, es el del grupo parlamentario del gobierno. En todo caso, las discusiones parlamentarias siempre las cierra el presidente del gobierno, lo que le da ventaja.

En los últimos debates es habitual que las réplicas sean dos, aunque en el pasado, en algún momento se llegaron a tres, siendo la última breve y desde el escaño. Los tiempos en los últimos debates han sido de 35 minutos en la primera réplica y 15 en la segunda. A discreción del presidente del congreso (y según su carácter) ese tiempo es más o menos flexible. El presidente del gobierno siempre tiene libertad en cuanto al tiempo, otra de sus ventajas.

En los últimos debates se ha ido controlando más el tiempo y el número de intervenciones, y en este último debate, además, Rajoy ha sido breve en sus contestaciones. Eso ha hecho que si hace años el debate en presidente y líder de la oposición se alargara hasta tres horas, en este caso ha sido de algo menos de dos.

La brevedad de Rajoy ante Rubalcaba (ha utilizado menos tiempo que éste, no teniendo limitación del mismo) ha sido realmente curiosa, ya que Rajoy, en sus primeros años en la oposición tenía discusiones con el presidente del congreso (el inflexible Manuel Marín), en cuanto al tiempo que le permitía replicar.

El mundo del periodismo y los propios diputados centran su atención en este duelo entre presidente y principal opositor. Después del mismo, se vive una desbandada de diputados bastante poco respetuosa con el resto de líderes, que deben esforzarse en, no solo decir cosas interesantes, sino también en cosas que llamen la atención para que en forma de titular puedan ser recogidos por los medios de comunicación.

El debate acaba durante la mañana siguiente, con los grupos parlamentarios minoritarios.

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